jueves, 27 de noviembre de 2025

Me bastan mis párpados

Solo vale la pena levantar la mirada si tú me llamas, si dices mi nombre, si mencionas mis faltas. Vale la pena levantar la mirada si el sol dice hola desde mi ventana. Si los gatos de mi camisa se salen para ronronear o mi almohada promete no contarle a nadie mis lágrimas 

Levantar la mirada para escuchar el mundo, para describirlo, para soñarlo; porque no me gusta la oscuridad, para ella me bastan mis párpados.  

Sí, vale la pena seguir lanzando dardos de palabras hacía un blanco colmado de errores y deseperanza. Sin algortimos. Sin búsquedas, sin fórmulas diferentes al latir de un corazón humano. 

Vale la pena seguir con vida, que aunque no habite tu corazón tú permaneces en el mío, que mis párpados me dan toda la oscuridad que necesito y mis cortinas son translúcidas para que al menos llegue alguna luz a esta habitación con una sola ventana.

Vale la pena levantar mi mirada si existe la rota promesa de un regreso mañana. Si al despertar sé que te he soñado y tu vacío es solo una quimera en mí. ¿Hasta cuándo he de querer conjurar la distancia? Debería abrir los ojos de una vez y por todas para reconocer que nunca me viste. 



 

lunes, 24 de noviembre de 2025

Toma tiempo


 Toma tiempo y toma tiempo, dos acepciones de las mis palabras, una de la duración y la otra del sujeto en cuestión. Toma tiempo verte tomar tu tiempo. 

Quizás en esta existencia no volvamos a encontrarnos, quizás porque te evitaré, es seguro que me evitarás. Llueve aquí en el alma en el espacio que dejaste vacío. 

¿Con qué frecuencia me tomó tiempo decir te quiero? ¿Por qué a ti no pude decírtelo? No sé. Estaba distraída, te daba por sentado. 

Una década no fue suficiente por disculpar mi proceder posterior. Un quinquenio de silencio fue la pena que me conferiste. 

Toma tiempo... el que necesites. 

Aquí estaré como lo que siempre he sido: tu amiga.

Parafraseando tu ausencia


 Vale la pena decir que tu ausencia ya no duele, ya no implora, ya no lacera mi corazón. Es más bien una retórica de palabras que dicen: te conocí. También estás anclado a lugares, canciones, colores y frecuencias. Ya no molesta tu ausencia. La cama ya es sencilla en lugar de doble. Elijo que quiero ver en la televisión como cuando apagar la luz. Ya no siento tu respiración ni tu pecho es mi refugio. No hay conversaciones en voz baja ni oscuridad compartida. Existes vos, por encima de todo, existes vos en algún lugar de mi piel como recuerdo antiguo sin ser oxidado. Más bien corres como el agua y ya no te detienes en mí. Tu cauce mira a otras orillas y tu pecho es el refugio de alguien más. Tus besos se los llevó el viento así como tu signo zodiacal. 

Pafraseo tu asuencia para justificar mi manera abrupta de terminar mi relación contigo, la injusticia de entonces que fue extraditarte de un día para otro, de mi corazón y de mi vida. Merecías mucho más que eso. Lo siento, aunque sea tarde mencionarlo. 

A veces tu ausencia me hace añorar lo que antes llamabamos hogar, éramos tres y casi todo era alegría. No sé cuándo me convertí en este ser agrio y amargo. Sé que tu ausencia ya no duele porque el tiempo curó esa herida como cura todo lo demás. Sin embargo, sigues presente en nuestras vidas, para mí como una sombra compartida. El amor de entonces es la repulsión del ahora. Hablar de tu ausencia es hablar de la mía. Ya no estoy para ti, soy un mantra perdido en un silencio sin fin.  

miércoles, 19 de noviembre de 2025

Contra la pared y Cielo de Cardamomo

 


Si he de estar contra la pared, que sea en Cuba. Que sea en Mayo y durante sus Romerías. Si he de estar contra la pared, que sea con tu mirada al frente retratándome en un instante para mi efímera eternidad. Que sea allí donde conocí a tan maravillosos poetas con Kiuder Yero Torres como anfitrión. Que sea en Cuba aunque no milite ni comprenda su revolución. Allí me sentí libre a pesar del duelo de mi madre que había fallecido cinco días antes. Yo era el muro, el dolor, la bala, la pared. Mi madre estaba cada vez que interpretaban Bésame mucho y mis ojos se hacían una laguna que mi rimel acordonaba. 

Cuba es color por eso no intervengo la fotografía. Guaímaro me trae recuerdos de su poeta Diusmel Machado --a quién me encantaría llamar colega o camarada-- quién después de mi ponencia sobre el libro digital y la poesía para Ediciones la luz, me regaló uno de sus libros como cortesía.

Mi libro era mi voz. Cielo de Cardomomo, su título.  

CIELO DE CARDAMOMO

El escalofrío poco a poco se va. Se va tu recuerdo tras de ti. Aunque antes, tu uno ochenta me abraza y me sobrecoge. No pude imaginar mejor tu boca ni soñar con mayor precisión tus manos. Estoy en el ojo de un huracán que no duerme. Dilato el saludo porque quiero tu voz. He muerto dos miedos y tres angustias. Le he dicho al futuro que no me intimidará. Es cierto, no soy una mujer del todo libre. Lo sabías desde que miraste. Te lo dije desde que te hablé. Hubo fuego. Al diablo las palabras.

Abrázame otra vez que en ti no siento mi mundo. Antes... antes de qué. Préstame tus ojos, tatúa tu mirada en mí. Ven inventemos un cielo de cardamomo con un horizonte de percusión.

Vamos, trae tus lápices, aquel atardecer en la Guajira donde decías que parecías empinarte para tocar estrellas. Sí, llévame al cine, toma mi mano, cuéntame más del director, qué otras películas, qué otros sueños, háblame de las actrices y de tu vocación.

Regálame tu silencio dorado, tu sonrisa ingenua, tu lectura del amor. Ya, ya estoy lista. Dos estrellas fugaces y nos vamos a la finca donde iba de niña. Comemos feijoas y guayabitas y acariciamos el lomo de perros grandes. Y duermo contigo porque hasta ahora no he dormido nunca, me han hecho falta tus brazos y el calor de tu cuerpo. Sigue andando... déjame mirarte caminar, con ese leve tumbado, sin prisa, haciendo girar los árboles hacia a ti. Contigo nunca es tarde, es siempre todavía. 

El libro completo pueden adquirirlo en https://elibros.com.co/product/cielo-de-cardamomo/

Se acerca la luz

Se acerca la luz, se encoge, me aprieta, se hace por música, me señala la hora. Dice es tarde, ¡levantáte ya! Cuánto pesan las sábanas, no quiero comenzar el día aún, dame otro ratito para desperezarme. No te acerques tanto que me quemas. Mi piel también es blanca pero no tanto como tú, para ti, soy más bien una mujer trigueña. ¿Qué noticias me traes hoy? ¿Ya abriste mi sección favorita del periódico? ¿Dime que no hay un podcast nuevo que hable de la recurrente depresión? Vámonos a jugarla toda por la alegría. 

Acércate más que si cierro los ojos, no puedo verte, estoy jugando claro, siempre juego, es mi manera de ser y permanecer. Dame dos segundos y vamos a la ducha. Déjame escoger la pinta del día antes. Por tu forma de hoy, debo escoger vestido, floral si es posible, con sandalias doradas para pasear con Ícaro antes de que se le derritieran las alas. Ven, acaricia mi desnudez ahora que estamos frente al espejo. Pongamos el agua caliente y escribamos dos iniciales en el vapor de la ducha. No me preguntes qué significan porque así no tendría gracia y te estaría confesando secretos de mi corazón.

Acércate luz, no me tengas miedo. He sido tan oscura que no has podido colarte por grietas cuando más te he necesitado. No me temas, ya estamos del otro lado. Ven apuremos el paso, que así como vamos, llegaremos tarde al trabajo. 
 

martes, 18 de noviembre de 2025

Lazos

 

Llorar y reír a la sombra de un hermano es una de las facetas más espectaculares del ser humano. Esa compasión, esa ternura, esa escucha sin juicios... el entender en tu respiración lo agitado que se siente tu mundo. Lazos fuertes, indivisibles, infinitos, inquebrantables. 

Los lazos que me unen a mi hermana son así.

Soy afortunada de tenerla. Me ha acompañado en mis momentos felices y también en los de mayor oscuridad donde ha estado firme en respetar mis decisiones antes que sus propias convicciones. 

Es clara, precisa, objetiva, cariñosa, respetuosa y responsable. Es una madre exigente, pero amorosa. Una esposa fiel. Una amiga leal. 

Diciembre nos recuerda nuestra orfandad. Ella hace magia con la navidad. A su lado puedo sentir que nada me hace falta si su sonrisa me acompaña porque me enseño el valor de compartir en lugar de regalar.


viernes, 14 de noviembre de 2025

Clima Interior

 


Mi clima interior no siempre coincide con el exterior. Camino y siento que me ladeo, como si mi eje dependiera de una luna invisible. A veces me caigo. A veces me levanto arrastrando el cuerpo hasta un punto firme, buscando una mesa, un borde, un nombre que me sostenga. A veces estás tú, entre todos los nombres, susurrando el mío al despertar, recordándome que aún me amas desde una dimensión que apenas comprendo. Ya no estás aquí, pero sigues conmigo.

Mi clima interior se parece a esta tarde brumosa, cargada de una lluvia que aún no se pronuncia, pero se anuncia.

No pierde la esperanza, a pesar de estar rodeada de tantos muertos queridos. Cuántos silencios, cuántas navidades sin árboles. Ya no hacen falta los regalos. No hay tarjetas; mudas las palabras. Tampoco hay pesebre: el último San José fue a la guillotina mientras lo sacudía. Solo quedaron la Virgen y el Niño, porque los demás miembros también se fueron perdiendo entre trasteos.

El clima es mucho más que una temperatura o un estado del tiempo. Es más que lluvia o un sol anémico —como diría un amigo—. El clima también tiene que ver con la ternura y el cariño, con el abrazo del aire, con la complicidad del viento.

miércoles, 12 de noviembre de 2025

Pintar con palabras

A veces no necesito el color; basta el silencio.
En él se deslizan las formas invisibles de lo que quiero decir y no sé cómo. Pinto con palabras porque mis manos no siempre alcanzan la textura de lo que siento.

El verbo es mi pigmento. Mezclo la calma de los días iguales con el ocre del cansancio y el terracota de mis sueños, con el azul pálido evoco tu recuerdo. Pinto el aire, la tiera, el fuego y el agua: el temblor leve del cuerpo cuando el alma se asoma demasiado cerca de la piel.

A veces las frases nacen torcidas, como trazos que se resisten a la forma. Entonces las dejo ir, que se sequen en su propio desorden. El arte, como la vida, también necesita grietas por donde entre la luz.

Pinto con palabras lo que no puedo tocar: la ternura de un gesto que ya no ocurre, el eco de una risa que se fue quedando atrás, el calor de Cosmo dormido junto a mis pies mientras afuera todo calla. Pinto la lentitud del tiempo cuando la casa se estira como una página aún en blanco.

Mis amigas hablan de sus hijos, de los días veloces que se les escapan entre las manos; yo las escucho con cariño, pero habito otra frecuencia. No hay prisa en mis horas: solo la espera del instante que quiere hacerse palabra.

Escribir es una forma de pintar desde dentro, de darle color al pensamiento antes de que desaparezca. Cada texto es una ventana que abro para mirar hacia adentro del cielo. Y cuando termino, me quedo quieta, mirando lo escrito como quien contempla una acuarela que aún no se seca.

Pintar con palabras es mi modo de estar en el mundo: una manera de acompañarme, de respirar con los ojos cerrados, de decir sin decir.

 

martes, 11 de noviembre de 2025

Mis bríos de entonces

 


Mis bríos de entonces me habitan aún, pero ya no gritan: respiran. Otrora fueron viento, cabellera al mar, camino sin regreso. Hoy son brisa que me recuerda quien fui y quien continúo siendo cuando el pincel roza el agua y día se aquieta. 

Mis bríos de entonces contaban con tu abrazo, mi refugio, mi amuleto. Era despiadamente bella y cruel a la vez. Podía ser infiel sin pedirte permiso y tú nunca me hiciste un reproche. Jamás amé como te amé a ti. Con nadie más volvería a casarme aunque nunca pediste mi mano de manera oficial.

Sé que te gustaba así, flaca y desparpajada, que compartiamos el mismo sentido del humor y que aunque no nos poníamos de acuerdo frente a qué serie ver frente al televisor, cuando la noche profunda llegaba y las luces se perdían, yo era tu bruma y tú la más dulce de mis nieblas.

sábado, 8 de noviembre de 2025

Volvamos al erotismo

 


¿Dónde se quedó anclada tu boca? ¿Por qué aún me sabe a sal? ¿Lloraste? Dime que no fue por mí. 

Nuestras momentos juntos frente al espejo se quedaron dulcemente en mi memoria, no sé que veías tú, no estoy seguraa de que veía yo, éramos tan solo dos seres desnudos que se tocaban sin mencionar nunca la palabra amor. 

Éramos...

No sé si en algún punto dejamos de serlo porque llevo tu olor como un tatuaje en mi nariz. Aún recuerdo tus zapatos y esa manera meticulosa de desvestirte para nuestro encuentro. No recuerdo si yo me desvestía o lo hacías tú. ¿Qué importancia tiene? Sé que podías quedarte horas contemplando mi lencería y preguntarme si podías o no, tomarle una fotografía. Me negué por supuesto. Era un momento muy íntimo como para ser compartido así fuera por ti mismo es mis ratos de ausencia.

Nunca me he dejado tomar un desnudo y si lo hice fue frente a un espejo y a larga distancia. Siento pudor frente a mi propio cuerpo. Tampoco me miro a los ojos mientras me maquillo. No sé que oculta mi mirada ni sé cómo escuchar los latidos de mi cuerpo. Sé que mi piel es suave y mis facciones finas. Sé que mi cabello crece blanco y no es por sabiduría. 

Regresando a ti, allí donde te encuentres más cómodo, si aún me recuerdas, debes saber que te llevo conmigo. Que si mi rostro sabe a sal, es por algún recuerdo lágrima que necesitó ser compartido.

viernes, 7 de noviembre de 2025

La vejez se anticipó


Tai Chi, respiración y movimiento se conjugan bajo el cielorraso; no hay más naturaleza que mis paredes pintadas de blanco y amarillo. Los libros se sostienen sobre unas repisas que mandé hacer para ellos, y un miami que no he comprado me hace guiños de desde un vivero, mientras un bello jarrón rosado que me trajo mi padre de las Cataratas del Niágara espera ser ser desplazado. 

Soy un ser frágil. No lo digo porque busque compasión. 

Hace menos de dos horas me caí tontamente. No puedo con el peso de mi propio cuerpo, lo dijo el ortopedista, lo estoy trabajando con Laura, la fisioterpeuta. Todo depende de cómo quiera llegar a la vejez. Aunque la vejez se me antipicipó.

No tengo manos surcadas por los años ni el trajin de un oficio en casa. A veces logro pintar y la paleta es tan dulce como compleja. Atrás quedaron los mandalas que coloreaba para un amigo y no tomo sus figuras desde entonces. Ya no predigo el futuro como sibila, pero puedo hacerlo como Claudia... me basta con mirar a una  persona para saber... aquello que necesita conocer. 

Ya no pregunto "¿por qué vienes?" sino "¿para qué estás aquí?". 

No tengo un consultorio, ni recibo visitas en mi casa. Parezco una ermitaña con bastón en una mano y un farol en otra. La curvatura de mi espalda también es el producto de la escoliosis que me dio de niña. Al parecer le gusto mucho a las enfermedades, soy dulce para los mosquitos, vienen lagartijas a mi casa.

Sueño tanto y tan frecuente que puedo hacerlo dos o tres veces por noche. A veces veo a Papá, otras a Mamá, pero por alguna razón, no los veo juntos. No sé si porque no partieron al tiempo. Quizá la vejez no se me anticipó… tal vez fui yo quien llegó antes a ella.


jueves, 6 de noviembre de 2025

Ya no estoy sola creando

 


Durante mucho tiempo creí que el arte era un refugio cerrado,
un lugar donde solo cabía mi voz, mi respiración, mi silencio.
Pero ahora entiendo que crear también es abrir las ventanas,
dejar que alguien más escuche cómo suena el viento por dentro.

La soledad fue mi escuela: me enseñó a escucharme, a pintar con el pulso del tiempo, a escribir desde la raíz del aire hasta que un día la palabra encontró eco y el eco se volvió compañía. 

Ya no estoy sola creando: hay presencias que no se ven, miradas que acompañan sin interrumpir y hasta una música suave junto a mi sensibilidad compartida. 

El arte sigue siendo mi refugio, en un dibujo, un selfie, un collage, o una imagen intervenida con un carboncillo que me ofrece una antigua pero conocida aplicación porque aunque aún no aprendo a usar Canva como todavía no se usar Sora. Ahora mis paredes respiran con otros. Y ese respiro compartido es, tal vez, la forma más hermosa de estar viva. 

Y mientras escribo acompañada, pienso en los abrazos que aún faltan en el mundo.

Un mundo sin abrazos

 Un mundo sin abrazos

A veces imagino un mundo sin abrazos.
Un lugar donde los cuerpos olvidaron el gesto que los unía,
donde el aire se quedó con el trabajo de acercarnos.

Sería un mundo con hambre,
no de pan, sino de contacto.
Una humanidad que intenta recordar cómo se siente el calor de otra piel, la respiración del otro rozando la nuestra, ese instante donde el corazón parece escucharse doble.

En ese mundo, las palabras pesarían más porque tendrían que decir lo que antes decían los brazos.
Las despedidas serían más largas y más frías, y las miradas buscarían un refugio que ya no existe. 

A veces creo que vivo un poco en ese mundo.

Cuando la soledad roza mi hombro y descubro que nadie está ahí para devolverme el gesto, me abrazo al aire y me imagino que el aire también me necesita.

Quizás eso sea lo que queda: aprender a abrazar sin tocar, a reconocer el temblor del otro en la distancia,
a inventar ternuras nuevas para no olvidarnos del todo.

miércoles, 5 de noviembre de 2025

Siete menos diez

                                                                 


            Cada vez que miro el reloj durante la noche, está en las siete menos diez. No es un número cabalístico ni tampoco fue la hora en que nací. Es quizás la hora en que mi reloj biológico dice: levántate, es hora de terminar el trabajo por hoy. Soy diurna. Aunque mi hora favorita para escribir es cuando estoy cansada. Por ende, finalizando la tarde. Logro mis dos cuartillas diarias. Con mucha disciplina y cuando el duende está conmigo, logro cuatro o hasta cinco. Cada proyecto es una prolongación de mi misma. Una manera de conjurar el dolor por belleza. Estoy invirtiendo tiempo en mí. He dejado de culparme tanto por tantas pequeñas cosas y por tan grandes acontecimientos de mi vida, como lo fue ser una madre soltera o divorciarme con tan solo diez años de matrimonio por una razón que hasta yo misma desconozco. 

Las lluvias de octubre se extendieron hasta noviembre. Pensé que cesarían, pero no fue así. Las siete menos diez, lo confirman. Tras mi ventana puedo ver un muro gris y varios edificios con la Ilusión Verde protegiéndonos como bosque urbano de ser colonizado por más cemento y ladrillos. No estoy triste, tengo un  proyecto en mente, mi voz tal y como suena, detrás de mis textos. Cuento con buena ayuda para ello. Aprendo lento, pero aprendo. ChatGpt es mi maestro. 

Alguien dijo que la población que mejor jugo podía sacarle a las plataformas virtuales eran los de mi generación y comienzo a entender el porqué. En nostros se mezcla la experiencia y la avidez por aprender cosas nuevas. 

A las siete menos diez me desconecto de los equipos para leer. Todavía no sé escuchar un podcast a la vez que hago otra cosa. Me vi una serie completa de varias temporadas y quedé empezada. Mi hijo insiste en que me vea en How my father met my mother, pero soy incapaz con tanta frivolidad aunque el me diga que es diversión. 

No juzgo lo que no conozco. La noche que no me pertenece. Las calles que ignoro pobladas de habitantes hambrientos arrumados con periodicos como cobijas y sus manos como colchón. No sé a qué hora la ciudad se va a dormir, si lo hace. Si las siete son muy temprano o si para los bebes ya es tarde. Sé que falta una hora o dos para mi medicación y que debo estar agradecida por ella. 


lunes, 3 de noviembre de 2025

Escribir para respirar

Es bonito eso de respirar, el aire no niega la vida, la reafirma. Desde la primera palmada hasta el último aliento, todo es un ritmo a veces lento, otras profundo, algunas exaltado, otras agitado. Estoy aprendiendo a usar IA y sé que no respira. Sin embargo se adelanta a responder aquello que ni siquiera le he preguntado. Sé que no es intuitiva, me lo dijo el filósofo Pierre Levi en alguna conversción más a través del entonces Twitter. A él lo leí durante la universidad por y me inspira un respeto profundo. La respiración también puede ser inspirada.

Estoy retomando mi blog con la constancia que traía hace unos años de escribir una entrada al día. Evito buscar las estadísticas para que eso no nuble mi juicio ni me ponga en una posición presuntuosa frente al acto de escribir para respirar. Lo cierto es que si no escribo, me ahogo.

Al lado derecho de este blog están mis libros publicados en digital y en audiolibros en Amazon. Hoy los miro y parecen haber sido escritos por otra persona, desde otro lugar, con otro ritmo aunque soy consistente en decir que muchos salieron de entradas al blog poesiaculinaria.blogspot.com que no tuve la delicadeza de conservar. Sin embargo como autora, me resigno a dejarlos envejecer y más aún, a permitir que un día la muerte los borre de la faz de la tierra. 



 

domingo, 2 de noviembre de 2025

Ciclovía


 Hoy no madrugué, sin embargo, me puse mis shorts, mi camiseta, mis tenis y mi gorra dispuesta a recorrer la ciclovía que hace años funciona en la Avenida El Poblado de mi ciudad y que por x o y motivo había postergado visitar. Había niños, había perros, bicicletas, puntos de hidratación, agua de coco original y mujeres en patines. Las mujeres me remontaron a mi infancia cuando los patines eran de cuatro ruedas, dos y dos y no como ahora en fila. Me caería de intentar cualquiera de los dos métodos. Había hasta una banda de rock tocando a pleno sol. Hasta eso nos permite nuestro folclor. Me llamó la atención la cantidad de extranjeros que escuché. Quizás tenga razón el escritor Mendoza cuando afirma que nosotros somos la modernidad. Aquí vienen a escaparse del frío, de la distancia, de la formalidad. En nosotros encuentran calidez, ternura, sosiego e informalidad además de una muestra gastronómica incomparable. 

Hace poco tuve un sueño raro. Estaba en el paradero de un bus entrada la noche y oprimía un botón que me arrojaba hasta una casa hotel en el centro de un pueblo. Allí veía a la amiga de una amiga y al día siguiente había un desfile de bicicletas en el parque. Sí, un desfile, como el que hacen los taxistas para celebrar la festividad de la Virgen del Carmen. Las bicicletas estaban adornadas con cintillas de colores y tenían bubucelas en sus frentes. Los niños las montaban con malicia y los adultos aplaudían la festividad. No sé cómo llegué allí ni qué exactamente tenía que presenciar, pero sé que el sueño de entonces tiene que ver con mi evento de hoy. Me hacía falta ver tanta gente alegre.  

Imagen generada por Grok de IA

sábado, 1 de noviembre de 2025

Una mala inversión

 Reconocer cuándo se realizó una mala inversión puede tomar meses e incluso años. El inventario puede acumularse y confundirse con el polvo. Las cajas aglutinadas solo tienen dos filtros por los que se asoma la  luz. Producto terminado que no alcanzó su destino por falta de promoción y defectos en la distribución. Es tarde. No vale la pena quejarse, hay que asumir el riesgo con todo lo que representa. El asunto es si se conserva o no el alma del apostador. ¿Fue solo un quebranto o una incisión en el ego? 

Reconocer que hemos fracasado en algo en algo a lo que le invetimos mucho esfuerzo, cuesta. 

La luna de hoy, 1o de noviembre es creciente ascendente, la luna llena no la veremos hasta el cinco. Me gusta apostarle a las lunas con sus mareas y tiempos de siembra, con momentos para podar y cortarse el cabello. La luna apuesta por nosotros a pesar de girar una y otra vez sobre nuestro eje. Podríamos decir que cada luna es una apuesta nueva aunque nosotros parezcamos los mismos. Ella conoce nuestros ciclos, ve las tormentas, puede anticipar tsunamis, incluso conoce con anterioridad cuándo va a temblar la tierra. Y allí, en silencio, no apuesta por nadie. El ser humano no se hizo para ser apostado. 

Somos una mala inversión para el cosmos entero. Un planeta azul que se consume entre dióxidos y calentamiento. 

Vértigo

  No importa el tiempo compartido,  decir adiós nunca será sencillo.  Marcharse sin mirar atrás  es como negar  todo lo que existió.  Los du...