miércoles, 28 de enero de 2026

Performance


 Atravieso un paisaje dantesco que no anula mi sonrisa. Las almas que me salen al paso no gritan ni claman misericordia. De puntos pequeños está hecho el cielo y de hielo el infierno. Nunca me lo he imaginado como un lugar de brasas ardientes porque lo que más me atormenta es el frío. La desprotección, la ausencia de manta, los dedos congelados, la hipotermia. Quemarse es más instantáneo.

 No sé a qué universo pertenezco, si soy ardiente o helada. Si quemo o torturo. Si mi sonrisa es de ironía o de auténtica complicidad. 

No sé hasta donde puedes leer y creer que existe una hilaridad en mi pequeño mundo ficcionado. Sé que cuando una línea comienza ya nuede detenerse y que ese paisaje dantesco soy yo porque no me pertenezco. La literatura es una arma de muchos filos, de muchos ojos y de muchísimos corazones rotos, comenzando por el mío que sangra mientras el teclado ruge y mi primera lectora soy yo misma.

Cuando es el momento de editar prefiero ignorarme. Permitir que la voz permanezca pura como salió. Solo en un cuento o en una novela me perfecciono hasta el cansancio. Solo en la poesía encuentro sosiego. El blog es mi momento más íntimo y certero porque sé que solo hago parte de un ciberespacio cargado de información y resultados de otras búsquedas que no incluyen la introspección ni la improvisación. Porque sí, eso es lo que hago: improviso. Como en un performance en plena calle, aprovecho y canto con palabras y autorretratos lo que quiere salir de mí. 

martes, 27 de enero de 2026

Mi miedo de mí

 

Los eugenios amanecieron contentos de verme llegar luego de dos semanas de incertidumbre. Mi perro no pudo reconocerme hasta tanto mi aroma impregnó su nariz. La casa estaba casi igual a como la había dejado a excepción de unos cojines adicionales que mi hijo decidió poner sobre el mueble de la sala que estaba manchado por mis incursiones nocturnas a tomar yogur sin encender las luces. 

La penca ya había perdido su flor y no había frutas sobre el comedor. Los bananos se olvidaron en esa última lista de mercado que no alcancé a hacer. 

La nevera estaba llena de otras cosas que si me gusta comer como el chococono y los melocotones. 

La virgen seguía al lado derecho de mi cama y aunque no practico el Rosario parecía pedirme que por una vez lo terminara. 

Los paquetes de Moni, se aglutinaban en mi habitación que había servido de correo postal para ella mientras viajaba. El calendario a mediados de enero parecía increíble para mi reciente percepción del tiempo.

La saturación de oxígeno, el timbre, el ducharme acompañada, un pañal, una bolsa para las naúseas, el timbre, Isabel, la enfermera... Ya nada de eso estaba. Solo yo y mi miedo de mí. 


jueves, 1 de enero de 2026

Vértigo

 


No importa el tiempo compartido, 

decir adiós nunca será sencillo.

 Marcharse sin mirar atrás 

es como negar 

todo lo que existió.


 Los duelos, 

sobre todo los de nosotros mismos, 

de lo que fuimos, 

son los más difíciles de hacer. 


Reconocer que el tiempo pasa

 y que tenemos miedo de cambiar, 

que no fluimos, que nos estancamos. 


Hacernos duelo a nosotros

 mismos es reconocer la impermanecia 

de todo lo terreno, 

saber que somos más de este cuerpo físico; 

saber que solo es un envase necesario 

para trascender emociones

pensamientos

planes

 proyectos. 


Falta el equilibrio

duele el cuerpo 

respiro

 aún respiro. 

Puedo estar agradecida por ello. 


Una caída, 

un tropiezo y

 el mundo da vueltas, 

vértigo lo laman, 

y hasta ahora 

no sabía que era algo 

que podía pasarme. 

Me ahorca tu risa

Me ahorca tu recuerdo, nuestras horas grises, las azules y aquellas verdes. Me ahorca tu risa, esos ojos que ya no veo. Los espejos suspendi...