No importa el tiempo compartido,
decir adiós nunca será sencillo.
Marcharse sin mirar atrás
es como negar
todo lo que existió.
Los duelos,
sobre todo los de nosotros mismos,
de lo que fuimos,
son los más difíciles de hacer.
Reconocer que el tiempo pasa
y que tenemos miedo de cambiar,
que no fluimos, que nos estancamos.
Hacernos duelo a nosotros
mismos es reconocer la impermanecia
de todo lo terreno,
saber que somos más de este cuerpo físico;
saber que solo es un envase necesario
para trascender emociones
pensamientos
planes
proyectos.
Falta el equilibrio
duele el cuerpo
respiro
aún respiro.
Puedo estar agradecida por ello.
Una caída,
un tropiezo y
el mundo da vueltas,
vértigo lo laman,
y hasta ahora
no sabía que era algo
que podía pasarme.

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