Llorar y reír a la sombra de un hermano es una de las facetas más espectaculares del ser humano. Esa compasión, esa ternura, esa escucha sin juicios... el entender en tu respiración lo agitado que se siente tu mundo. Lazos fuertes, indivisibles, infinitos, inquebrantables.
Los lazos que me unen a mi hermana son así.
Soy afortunada de tenerla. Me ha acompañado en mis momentos felices y también en los de mayor oscuridad donde ha estado firme en respetar mis decisiones antes que sus propias convicciones.
Es clara, precisa, objetiva, cariñosa, respetuosa y responsable. Es una madre exigente, pero amorosa. Una esposa fiel. Una amiga leal.
Diciembre nos recuerda nuestra orfandad. Ella hace magia con la navidad. A su lado puedo sentir que nada me hace falta si su sonrisa me acompaña porque me enseño el valor de compartir en lugar de regalar.

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