miércoles, 28 de enero de 2026

Performance


 Atravieso un paisaje dantesco que no anula mi sonrisa. Las almas que me salen al paso no gritan ni claman misericordia. De puntos pequeños está hecho el cielo y de hielo el infierno. Nunca me lo he imaginado como un lugar de brasas ardientes porque lo que más me atormenta es el frío. La desprotección, la ausencia de manta, los dedos congelados, la hipotermia. Quemarse es más instantáneo.

 No sé a qué universo pertenezco, si soy ardiente o helada. Si quemo o torturo. Si mi sonrisa es de ironía o de auténtica complicidad. 

No sé hasta donde puedes leer y creer que existe una hilaridad en mi pequeño mundo ficcionado. Sé que cuando una línea comienza ya nuede detenerse y que ese paisaje dantesco soy yo porque no me pertenezco. La literatura es una arma de muchos filos, de muchos ojos y de muchísimos corazones rotos, comenzando por el mío que sangra mientras el teclado ruge y mi primera lectora soy yo misma.

Cuando es el momento de editar prefiero ignorarme. Permitir que la voz permanezca pura como salió. Solo en un cuento o en una novela me perfecciono hasta el cansancio. Solo en la poesía encuentro sosiego. El blog es mi momento más íntimo y certero porque sé que solo hago parte de un ciberespacio cargado de información y resultados de otras búsquedas que no incluyen la introspección ni la improvisación. Porque sí, eso es lo que hago: improviso. Como en un performance en plena calle, aprovecho y canto con palabras y autorretratos lo que quiere salir de mí. 

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