lunes, 2 de febrero de 2026
El músculo olvidado
Los músculos responden a ejercicios, se agradecen los estiramientos. Todo el cuerpo se sincroniza para retornar al equilibrio. Mi rostro late gracias a él. Pocas veces me siento a agradecerle por no haberme fallado nunca. Solo durante una resonancia sentí que se detenía y que mis pulmones también fallaban ante la carencia de su estímulo. Mi biblioteca está constituida por el latir de músculos que aunque hechos trizas permanecen en la historia como clásicos. Quería voluntaria e involutariamente que mi corazón se detuviera. Que se fuera de vacaciones, que se diera una licencia. Sin embargo, ¿qué otro órgano con aurículas y ventrículos podría reemplazaro? Él decidió nacer conmigo. No le importan los desvarios de mi mente ni mi asma, ni el color que elijo para maquillarme las cejas o el tono del labial para resaltar mi boca. Él, mi músculo olvidado me ha enseñado a amar. Es mi mente la que ha decidido olvidar cuando es oportuno o procedente. Mi músculo olvidado no necesita fisioterapia, eventualmente requerirá la orientación de un cardiologo y si está cansado tendría que enviarlo a esas vaciones que solo da un marcapasos. Entonces sabré que no soy la misma sin él. Que ya no amaré con la intensidad que él me regaló, que no podré ponerme la mano en el pecho y sentirlo agitado luego de correr. Por lo pronto quiero que sepa que no lo he olvidado, que agradezco su lealtad, que yo: ¡también lo amo!
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