Sí, suspendes mi tiempo, congelas mis brazos, no puedo moverme, me asfixia tu voz.
Quisiera tener la voluntad de marcharme del recuerdo, pero allí estoy suspendida entre ese espejo y vos.
Mis pupilas sangran y mis ojos las niegan para no contarle al mundo que duele este silencio donde no sé de ti.
La amargura me habita tanto que no es suficiente que tus brazos impongan su fuerza para callarme.
¿Qué importa si nuestra piel se quedó dormida?
También estoy contigo Tus brazos acunan mi cuerpo, sostienen mi respiración. De nada sirve soltarme porque la violencia fue de los dos.

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