domingo, 2 de noviembre de 2025

Ciclovía


 Hoy no madrugué, sin embargo, me puse mis shorts, mi camiseta, mis tenis y mi gorra dispuesta a recorrer la ciclovía que hace años funciona en la Avenida El Poblado de mi ciudad y que por x o y motivo había postergado visitar. Había niños, había perros, bicicletas, puntos de hidratación, agua de coco original y mujeres en patines. Las mujeres me remontaron a mi infancia cuando los patines eran de cuatro ruedas, dos y dos y no como ahora en fila. Me caería de intentar cualquiera de los dos métodos. Había hasta una banda de rock tocando a pleno sol. Hasta eso nos permite nuestro folclor. Me llamó la atención la cantidad de extranjeros que escuché. Quizás tenga razón el escritor Mendoza cuando afirma que nosotros somos la modernidad. Aquí vienen a escaparse del frío, de la distancia, de la formalidad. En nosotros encuentran calidez, ternura, sosiego e informalidad además de una muestra gastronómica incomparable. 

Hace poco tuve un sueño raro. Estaba en el paradero de un bus entrada la noche y oprimía un botón que me arrojaba hasta una casa hotel en el centro de un pueblo. Allí veía a la amiga de una amiga y al día siguiente había un desfile de bicicletas en el parque. Sí, un desfile, como el que hacen los taxistas para celebrar la festividad de la Virgen del Carmen. Las bicicletas estaban adornadas con cintillas de colores y tenían bubucelas en sus frentes. Los niños las montaban con malicia y los adultos aplaudían la festividad. No sé cómo llegué allí ni qué exactamente tenía que presenciar, pero sé que el sueño de entonces tiene que ver con mi evento de hoy. Me hacía falta ver tanta gente alegre.  

Imagen generada por Grok de IA

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