Mi prima Vane es un poco menor que yo, pero ha asumido responsabilidades que yo jamás habría enfrentado por mi cuenta. Es una mujer muy conservadora. Verde aceituna son sus ojos. Adoramos vistar la ciudad vieja en Cartagena y nunca la he visto meterse al mar. La brisa juega con su cabello y es difícil no sonreír cuando se encuentra cerca. Ha librado tantas batallas y jamás ha perdido su esencia. Tuvo un bar restaurante llamado La Bottega de Fitz, decorado con su gusto exquisito y haciendo honor a los grandes maestros de la literatura, tanto que los platos tenían los nombres de ellos. Varias veces tuvo que cambiar de varista, pero los cocteles nunca dejaron de ser excepionales. Un sueño fue concluido, pero vienen muchos en camino. Juega tenis y observa la bahía sumida en la perfección de la naturaleza costera. Su acento por supuesto tiene ese singular ritmo y también tiene sangre caleña corriendo por sus venas.
Tiene la autoridad para regañarme cuando algo no está bien y me lo hace ver con dulzura. Sabe guardar secretos y Dani su hermana vive en Islandia con sus dos sobrinos con quienes también sueña unirse pronto.
Quizás Cartagena ha sido su hogar por estos años, pero es una mujer de mundo y pronto, muy pronto la veremos volar. Donde vaya, sin duda, llevará consigo mi cariño por toda esa infancia y madurez compartida.
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