Hoy un guayacán en mi ventana celebró dos pequeños logros conmigo: pude recuperar más mi equilibrio e ir logrando más autonomía.
Su complicidad me regaló de nuevo confianza en que existen cosas bellas por las que aún vale la pena continuar la batalla. Sus flores me recordaron el verano en mí, la primavera en mí y el invierno que ya pasé.
Me complace tenerlas como amigas en esta travesía y saber que aunque el árbol no se mueva, siempre me permitirá ver sus estaciones y regalarme un poco de su alegría.

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