Edwar y yo nos conocimos hace quince años en la Librería Nacional, desde entonces no solo me ha recomendado lecturas sino que ha hecho breves sinopis de los libros y de mi vida.
Siempre me pregunta por mi hijo y mi perro mientras me cuenta del estado de salud de su hermana mayor que él cuida con devoción. Estudia historia y madruga mucho para poder cumplir con susus responsabilidades.
Los domingos descansa, por lo que evito ir a El Tesoro porque sé que no lo encontraré y me hace mucha falta su abrazo vitamina.
Es claro que lo que nos una profunda y genuina amistad.
Tiene el don de la sonrisa y siempre me dice como luce de bien cada color que pongo en mi cabello o como me lucen los accesorios que llevo.
Es el librero de mi corazón porque en esos trescientos metros de la librería nos hemos reído hasta reventar e incluso he llorado cuando necesito desahogarme.
Sabe que me gusta la poesía y aunque suele recomendarme novelas, a veces se atreve y me convida al segundo piso donde está mi tan amada sección.
Sé que no se encontrará en estas líneas, pero se las dedico con toda mi gratitud y admiración.
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