¿Qué ocurriría sí...? Estoy de manos entrelazadas, busco en un fragmento del recuerdo uno que sea tuyo. Me dejo tentar por un abrazo, un beso, o nuestra imagen en el espejo. Recuerdo tu estatura, un poco menor a la mía, tu rostro ajado, tu boca precisa. Recuerdo las fotografías que querías tomarme y mi negativa para que todo fuera solo una imagen en el recuerdo, un recurso al cual volver cuando todo terminara.
Recuerdo las seis, el parque aquel, la música y las cervezas. También el semáforo donde solía pasar por ti. No olvido el primer beso que me robaste ni los subsiguientes.
Conservo un regalo que me diste y no los uso por temor a cargarte conmigo más de lo que ya lo hago. Tu voz hace eco en salones que ya no frecuento. Las librerías contienen estantes que me observan con tus ojos. Hay fusiles en los silencios posteriores a una despedida que nunca se dió.
Mi perro me observa preguntándome de quién estoy hablando y no puedo contarle porque solo te vió una vez y hace mucho, mucho tiempo. Estoy distraída con la evocación, con el espejo, con mi cabello largo de entonces, con la lencería que compraba para ti.
Tuve suerte de conversar contigo porque de eso se trataba todo, de una larga y profunda conversación. Un punto y coma nos separa. Cada quien continuó el camino que traía consigo. Jamás se mencióno la palabra amor y nunca fue necesaria. En la complicidad de pequeños cuartos de motel quedaron aprisionados los secretos que compartimos.
¿Qué ocurriría sí nuestra clandestinidad no hubiera sido el confite que no mantenía unidos? No tendría mis brazos entrelazadas, resignadas a haberte perdido pero alegre de saber que nos vivimos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario