Hay amigos que no necesitan presentación. Así es mi amado Andrés Zapata. Nos conocimos a través de su hermana Clara con quien tuve la oportunidad de compartir gratos momentos en mi breve estadía en Londres.
Es compositor, músico, fotógrafo, productor, chef y poeta. Esta última faceta la descubrimos juntos mientras grabamos el recital Rapsodia azul el 2021. Sú música acompañó algunos de mis poemas de Los umbrales del delirio y realizamos dos presentaciones: una en mi casa celebrando mi cumpleaños y otra en la biblioteca de San Javier un viernes por la noche. No sobra decir que el auditorio estaba compuesto por una adorable señora de pelo también azul y un joven que se escapó de la parranda para refugiarse con nosotros.
Andrés y yo hemos compartido lecturas, autores y aventuras. Es un nómada por naturaleza y se muda con frecuencia con mucha inclinación hacia el campo en busca de silencio y e introspección. Cada vez le gusta menos la ciudad y es Acuario como todos sus hermanos. Un signo de aire que le queda muy bien a su personalidad.
La tecnología le encanta y creo que está a la vanguardia de muchos proyectos que apenas si están vislumbrando ahora en la ciudad.
Tiene en sus manos un manuscrito mío En nombre del barquero con el que piensa y siente que puede hacer cine. Se lo regalé y sé que no puede estar en mejor hogar.
Como poeta se lanzó al ruedo con un libro que se llama Abecediario y posee un vértigo brutal. Con cada letra hace un acróstico visceral.
Aquí les comparto una de sus composiciones confiando en que puedan disfrutar el enlace como yo adoro su amistad.

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