La amistad está de fiesta hoy en el blog. Les presento a Lili Jiménez. Somos amigas desde los once o doce años cuando nos conocimos porque yo vivía en el piso 3 y ella el 5 de la misma unidad residencial. Nos unieron las canciones, los poemas ilustrados, la poesía de Ángela Botero y Mario Benedetti. Nos sentábamos en la plazoleta debajo de un parasolar blanco con bancas a conversar. Podían pasar horas y a las diez cada una debía regresar a su casa.
No sé en qué momento comenzaron a atraernos los hombres, pero sí sé que nuestros primeros amores fueron platónicos. Teníamos amigos de otras unidades que bajaban a hacernos visita y nos sentábamo en el muro o en las aceras.
Ella estudió arquitectura como su papá y yo administación como el mío, aunque aquello que me atraía más era la filosofía.
Con cariño me dice mi brujita porque todo lo que le he vaticinado le ocurre tarde o temprano. Ella insiste en que tengo un don y en que debo ponerlo al servicio de los demás. Lo he hecho en el pasado, pero ya no me siento cómoda con él.
Desde hace un tiempo Lili viene pintando mascotas por encargo, sí por encargo, sus dueños quieren inmortalizar en un retrato el rostro más amado de sus compañeros leales. Parece salido de un relato medieval, cuando todos toman fotografías, ella pinta con su paleta de colores porque no se trata de carboncillo o acuarela, son colores... y le dedica tiempo a cada mascota logrando sus expresiones más bellas.
Hemos tenido tiempos de mucho silencio, pero el año pasado nos reencontramos y como los grandes amigos, nos pusimos al tanto y todo transcurre como si nada. Ambas nos confesamos nuestros amores y desamores, ambas nos preocupamos la una por la otra, nos damos consejos y también pintamos juntas.
Ella prefiere los podcast yo prefiero leer. Espero que se encuentre en esta entrada y sepa lo mucho que la quiero, siempre y más.

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