De Willie Colón me quedo con esta canción. Una gitana que lee las líneas de las manos y conoce el porvenir de todos excepto el suyo. Alguien le enseñó también a leer el iris y las cartas son la muleta para evitar que quienes la consultan se sientan intimidadas por su mirada.
Cuando sale la Torre se asusta más que cuando aparece la carta de la Muerte o la del Diablo porque sabe que la muerte es transición espiritual y el diablo son solo las cadenas que nuestra mente ha construido en relación a nuestros afectos y pensamientos. La Torre augura que todas las estructuras se vendrán abajo y que el consultante deberá recomenzar.
En los futuros de sus amigos nunca se vio ella, quizás porque no le preguntaron, quizás porque todos eran tan efímeros como la curiosidad que les despertó.
Muchas veces amó y su corazón tantas veces se rompió, cuando no fue ella quien se vió obligada a romper corazones por el temor al apego del que siempre fue adversaria.
No tuvo hijos ni mascotas, vivió frente al mar desde muy niña y allí aprendió el arte de la predicción de manos de su nana Blanca que le advirtió que se quedaría sola hasta que hubiera perdido la esperanza.
Ese día llegó y un caballero de cabello rubio se sentó en la bahía junto a su lado, le ofreció un cigarrillo y le preguntó por qué estaba tan triste. Ella rompió en llanto y el caballero le ofreció un hombro que nunca se fue de su lado.

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