Cuando mi alma necesitaba guía y consuelo regresó Cata a decirme que no estaba sola. Con fiel convicción en Dios y de mano de los talleres que dicta según el camino trazado por el Padre Ignacio Larrañaga.
Todos los miércoles de siete a nueve desde enero hasta junio del año pasado, compartió con un grupo de ocho personas pasajes de la Biblia luego de invocar al Espíritu Santo y promover el diálogo entre nosotros frente a las lecturas de la semana que más nos habían impactado.
Cata también dirige talleres en las cárceles y todo su trabajo es ad honorem. Las iglesias la acogen con alegría y en un mundo tan desorientado como el nuestro ofrece paz y tranquilidad.
Ora por sus seres queridos. Enseña a descansar en Cristo. No pretende evangelizar a nadie, ni es cristiana ni cuestiona las creencias de los demás. Respeta, y desde ese respeto es que reluce la gran mujer que es.

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