miércoles, 18 de marzo de 2026

Artemisa


 Artemisa se escapó conmigo luego de mi visita a Éfeso.Viajó camuflada en mi maleta como un souvenir. Prometió hacer maravillas en este continente nuevo. Me pidió eso sí, no sustituir las velas con corriente eléctrica. Tuvo que romper siglos de principios para aceptar fugarse con una mujer en lugar de una muchacha. Se dejó cazar y tuvo que conformarse con jugar con los perros de casa. 

Del Panteón al continente sufrió una gran decepción aunque los rascacielos llamaron mucho su atención. Estar tan cerca del cielo era una sensación que conocía bien y aunque su familia estaba lejos no envió ni una sola postal ni mucho menos un correo electrónico. La única que pudo escapar fue ella y no tenía idea dónde se habían refugiado los demás.

El comercio le pareció encantador, le recordó las transacciones que se llevaban a cabo en su tierra y aunque no vio ningún esclavo reconoció que todos éramos esclavos de algo.

Pronto se aburrió, no había tantas muchachas vírgenes que cuidar y ya los hombres no salían de caza porque toda la carne venía empacada. Lloró y las lágrimas de una diosa provocan una lluvia melancólica. 

Aunque al principio me esperaba despierta al llegar del trabajo, dejó de hacerlo. Cada vez estaba más triste y quería poder viajar al pasado. Como es obvio no tenía manera de complacerla, la empaqué con sumo cuidado y en un sobre sin destinatario, la regresé a su tierra. 

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