Quiero encontrar las raíces de mi voz.
Ebria del mundo busco la fórmula para el no-miedo.
El aire se vuelve espeso. Mi cuerpo es territorio, con él permanecen zurcos de piel, que todavía no se endurecen como piedras.
Todavía existe la ira de perderte otra vez.
Ebria y sin temor, abro los ojos bajo la oscuridad con tenues luces violeta donde los rayos me hieren.
Tiemblo y tambíen ahí está la raíz que me sostiene la que aún me reconoce.
No sé si busco sanar o no perderme en la locura, pero en cada intento mi nombre se disuelve un poco más, y lo que queda es una nota suspendida, una hebra de voz que insiste: en estar aquí, aún sin ti.
Tomemos otro trago para repasar tu ausencia convencida de que mañana la resaca me recordará que te vi, que te sentí, que por un fragmento estuve contigo en mi inconsciente, que bailamos y hasta compartimos el amanecer.

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