Hasta ayer pensaba que las aves solo estaban en los árboles y que las jaulas había dejado de existir. Podía ver los periquitos desde mi ventana y también gozar de las golondrinas con sus baile septentrional, sin embargo hoy se coló un sinsonte bajo mi almohada y ha prometido cantarme hasta que me duerma. Le dije que me lo prometiera, que no se iría, que sería mi amigo y que aunque no fuera un zorro, tendría todo lo que necesito para saber que me espera cuando salga y llegue a casa cansada de las calles y de la gente. Se río ante mi propuesta, pero no prometió esperarme y me dijo que tan solo disfrutaramos del momento que era el presente y que mi cabeza sobre él podía descansar tránquila. No sé cómo su pequeño cuerpo pudo cargar con mis preocupaciones ni si sentía el latir de mi corazón como yo el suyo.
Un sinsonte amaneció conmigo y llenó de palabras este lunes para darle tres entradas a un blog que sí te espera.

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