jueves, 12 de marzo de 2026

Stepha


 No sé por qué se me ocurrió tan tarde intervenir los retratos de las personas que amo. Quizás ahora es el momento preciso para compartir más allá de mis propias emociones y demostrar que así como tengo una amplia y rigurosa vida interior, cuento con una bella y valiosa vida exterior. Stepha y yo somos amigas desde el colegio. La admiré por todo, no solo era buena estudiante, era muy buena deportista y una prudente y excelente amiga. Su casa quedaba al lado del colegio así que se iba caminando. Su cabellera rubia, larga y crespa sobresalía sobre las demás, igual que sus ojos claros y profundos. 

Creo que conoce todos los pormenores de mi vida, ha estado conmigo en las buenas, en las malas y en las peores e independientemente de lo complejas que hayan mis decisiones o mi proceder, nunca he recibido un reproche suyo. 

Tiene una familia expléndida y Europa la recibirá de brazos abiertos cuando sea el momento oportuno para hacerlo. Sus hijos son muy independientes y aunque le ha costado asimilar los procesos de cada uno, ha sido una madre que ha aprendido a desapegarse poco a poco. 

El camino de Santiago es una aventura que su esposo asume cada vez que puede, le encanta caminar tanto que no le importa si está lloviendo, si es por loma o en la simple transversal.

Stepha tiene convicciones políticas claras con las que me ha sorprendido más de una vez y aunque la regiliosidad no haga parte de su vida, sus acciones hablan por ella. Siempre estaré agradecida de esta amistad magnífica que me regaló la vida.

Me ha visto enferma y no se acobarda, me ha visto alegre y esa alegría la entusiasma. Le da propósito a la existencia con solo ser mi amiga. Me siento muy afortunada de saber que ella está a mi lado.

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