jueves, 26 de marzo de 2026

Puedes irte

 

Puedes irte. Se me volvió costumbre verte salir de afán cuando antes me permitías jugar anudando tu corbata. Sí, son las hormonas. Ideas mías de verte llegar cada vez más tarde por compromisos de última hora. Por fortuna no llegas pasado a su perfume, sé que es rubia, sé que es flaca y también alta. 

No sé hasta cuando vamos seguir evadiendo el tema y aparentando ser una familia convencional.

Me aferro a la almohada antes de vestirme para ir a la peluquería y asistir a un almuerzo con compañeras donde todas preguntan por ti y hablan maravillas de sus viajes y matrimonios. Ya olvidé cuando fue la última vez que viajamos juntos. Eres tú quien lo hace dos y hasta tres veces al mes. Te veo sin prisa empacando tu maleta ya sin temor de que un día decidas no regresar. 

Entonces, solo entonces soltaré la almohada, desvestiré los cojines, incendiaré tu ropa y donaré tus corbatas. ¿Los zapatos? ay sí, los zapatos, no sé qué haré con ellos después de todo, fueron sus pasos los que te alejaron tras la rubia, tras la alta, la del perfume que nunca te vio amanecer en su casa.  


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