Existen amigos que conocen tu corazón y aquellos que conocen tu alma. Martha pertenece a los segundos. Después del psicoanális llegó ella.
Sigue al Lama Ole Nydhal y por supuesto al Karmapa Thaye Dorye. Con ella aprendí a meditar. Supe lo que era un mala de 108 cuentas y la sílaba sagrada del OM.
Lee los símbolos, no le teme a los insectos, ni a los murciélagos que tanto pánico me dan y que rondan en su apartamento por un árbol de mangos que hay sembrado en su unidad.
Su consultorio tiene pintadas las paredes de colores, tiene la bandera de la plegaria y el Buda y las dakinis también le dan un aire muy espiritual al lugar, así como la rueda de la vida y hasta una fuente que nos recuerda la importancia de fluir.
Habla con frecuencia de las emociones perturbadoras donde la ira es la más peligrosa de todas. El apego, la ignorancia y la envidia son para revisarlas con lupa en su consultorio.
Durante muchos años acudí a citas semanales con ella. Ahora voy cuando es una emergencia. Siempre me abre campo los jueves porque son los días que más nos gusta trabajar teniendo en cuenta que el regente de ese día es Júpiter.
Martha habla de la impermanecia, esa su consigna: el cambio en su máxima expresión. El desapego como propósito y el estar listos para morir porque para eso hay que prepararse toda una vida.

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