Tiene una risa contagiosa y un hogar supremamente unido. Es de las que sostiene que cuando no se tienen hijos se tienen adorables sobrinos.
Comenzó sus estudios de medicina con muchachos jóvenes y eso no fue impedimento para integrarse al grupo, por el contrario, aunque vive fuera del país provecha cada matrimonio de ellos como excusa para venir.
Ha tenido fuertes conexiones con Brasil y se reune con compañeras que viven en el extranjero con mucha frecuencia. Sabe escuchar y también como médica busca las causas a los síntomas de mis dolencias. Discutió con Ana sobre mi último diagnóstico y ambas habían sacado la misma conclusión antes de que los médicos dieran su veredicto.
Kat, es dulce, desprevenida, desparpajada y no existe distancia gracias a esta tecnología que aunque muchos critiquen, nos permite estar más cerca.

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