No lo dije en su momento, sin embargo el mensaje no dejó de existir. Hoy no vengo yo, envío a Hermes para que lleve lo que fue cierto, aunque haya llegado tarde.
Entre el Panteón, es el que más me gusta porque se mueve, no está estático, es más que un mensajero. Contar con su presencia es nombrar sin exigir respuesta. Es permitir que nuestras palabras y sentimientos se muevan en el espacio hasta encontrar el momento oportuno si así ha de ser.
Él también tiene mensajes para mí. De cruces, de tránsitos, de cierres y despedidas. Me ayuda a no quedarme anquilosada en el pasado y espera mi próxima carta para llevarla gustoso hacia otro destino.
Es como el aire que lo transporta. Sus alas y su caduceo me devuelven el equilibrio y también me enseñan a inclinarme frente a mis maestros donde la oscuridad ha sido mi mayor ejemplo.
Frente a ti, es cierto, no te debía esas palabras, pero me las debía a mí.

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