Desorden
alfabético
Pretendo
arrojar un motín de palabras ininteligibles de mis labios a tu boca, hacer que
busques un orden en tal conflagración. Entretenerte como si se tratara de un
crucigrama sin fotografías.
Preguntarte
por el expresidente de Uruguay o por el color de la tarde que ahora fallece. En
el ajedrez pedirme el blanco: saber ganar. Y lanzar un anzuelo para recuperar
una palabra del motín. Decir por ejemplo que rescatamos libélula, sentir su
dorso tornasolado planear cerca nuestro.
Besarnos
y recibir de tu boca una enciclopedia en desorden alfabético. Comenzar con la
palabra poema, hacer una disección silábica y no saber qué parte conservar de
ese cuerpo triangular.
Reconocer
que tu nombre es un poema y elevarlo a la enésima potencia, ver cómo se
multiplica alrededor mío, cómo crece, cómo aúlla, como hace languidecer todo lo
demás. No contar sus sílabas, abandonarme a su ilusión; la ilusión de un nombre
compuesto...
Caricia
de letras y murmullos.
Carpa
de adioses y bienvenidas.
Barco,
lugar favorito de mis heteretopías.
Canción
y melodía.
Bésame
otra vez para recuperar el infinito.
Publicado en Los umbrales del delirio
Desorden alfabetico y en la edición No. 26 de El Gaviero, Periódico Literario.
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