Es más cómodo estar descalza en casa, arrojar las medias lejos de la mirada; encender el televisor, buscar una serie. Disfrutar de la intimidad de no saberse observada. Buscar un canal, una frecuencia, un personaje con quien identificarse. No saber si llueve o el día está soleado por las pesadas cortinas de la habitación. La luz, o sí, la luz me llega de tus ojos. Para ti siempre brillo y de una extraña manera. Sé que tus besos morderan mis labios y el aliento matutino no será un pretexto para besarnos. Sé que habré ido a la cocina después y que por no haber barrido durante la semana, traeré el polvo entre mis plantas que no necesitan ser regadas.
Mis nalgas en cambio se mereceran una palmada fina. Y el interior negro te preguntará si puedes deshacerte de él. Diré que no, como tantas otras mañanas porque aún no hemos desayunado y tengo hambre y no precisamente de ti. No me gusta amar con el estómago vacío.
Quiero atraer su mirada como en aquel sueño donde lo escuchaba llamándome por mis dos nombres desde un lugar lejano.
Y no es que te compare con él, es que no he podido olvidarlo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario