domingo, 7 de diciembre de 2025

Llueven velitas

 



Dos elementos se hacen amigos para contradecir la pólvora, tu fuego llueve en mi tarde oscura. Nubes con estratos parpadean para mojar sombrillas justo hoy que salí sin ella. El asma vuelve para recordarme que somos muchos los desabrigados. Intento soslayar mis tristezas pero un pabilo no conjura mis penas. Ardo y lluevo como se hace en los buenos domingos, justo a las seis cuando todo pesa, cuando la noche regresa y solo tú eres mi estrella.

Busco entonces encender mis cadenas para librarme de ellas en dos palabras claves --llaves-- sin torpeza. El abismo de la tormenta no cesa. Un cúmulo de angustias me atraviesa. Estoy ajena. Ya no me pertenezco, el agua sin ti carece de ola y torrente. Solo me quedan las piedras donde nada se enciende aunque frotarlas puede regalarnos una chispa prometeica.

Son las velitas que llueven como metereoritos sin tregua. Mi hogar es su blanco más directo aunque mi balcón no despierte y las festividades ya no me conmuevan. He perdido la infancia en mi orfandad, he perdido la velas en intentar encenderlas. 

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