Tiene once años. Ya duerme casi la mayor parte del día. Escucha solo lo que le conviene y tenemos sospechas de que ha perdido un poco su visión. Tiene un pelaje suave que adoro peinar y que él disfruta igual. Duerme en mi cama todas las noches, en la cabecera o junto a mis pies. A veces se acurruca en mi regazo, pero le da calor y se estira hacia cualquiera de sus otros dos destinos. No come el cuido más refinado, pero es obligatorio mezclarlos con la comida húmeda de DogChow o Pedigree. Como buen pug, no sabe utilizar la coca, siempre riega más de lo que come de tal suerte que las pepitas se mojan y adquieren una forma desagradable. Nunca hace sus necesidades en la casa. Sabe pedir que lo saquen, en la mañana, en la tarde y a veces, en la noche. Como nunca lo castré, siente más necesidad de marcar su territorio, auque no le ladra a otros perros ni le interesa establecer relación con ninguno, prefiere a las personas que se suben al ascensor y allí demanda caricias y cumplidos.
Mi hijo dice que yo soy su mamá, pero que él no es el papá. No sé si eso lo convierte en su hermano. Sé que ambos lo amamos cada uno a su manera, mi hijo con juegos bruscos, yo con mi delicadeza. Cuando no estoy le pide a mi hijo que le abra la puerta para arruncharse con él y pueden pasar una mañana abrazados.
Ronca, valía la pena el punto y aparte para decir que ronca y no como una locomotora, ronca como solo él sabe hacerlo, con intervalos largos o cortos, con los ojos abiertos o cerrados, moviendo las patas o con ellas quietas, cualquiera diría que es un esposo fastidioso, pero como se trata de él es de lo más tierno.
Quienes hemos tenido la fortuna de ser amados por un perro sabemos lo efímera que es su existencia y el amor que nos brindan mientras nos acompañan.

Herm🖤so Cosmo locomotora!
ResponderEliminar