lunes, 27 de octubre de 2025

Veinte minutos


 Es todo lo que se necesita para romper la inercia, para salir de la silla del escritorio y el sedentarismo al movimiento y con él, llegar al sudor. No vas a salir de yin-- replicó mi hijo- ¿Por qué no? Lo importante  no es la facha sino la intención. La camiseta que antes me quedaba holgada ahora parece pegada a mi cuerpo. Mi espalda, dijo el médico, en un par de años no va a resistir mi propio peso. Por eso acudo a la fisioterapia. Por eso intento aprender a cuidar algo que no me enseñaron: mi templo. Llevaba dos años sin asma y las lluvias de octubre las hicieron regresar. Me negué a utilizar el inhalador por un par de semanas hasta que fue perentorio su aplicación para liberar el aire que mis pulmones se negaban a expulsar. El fin de semana tomé un mazo para una lectura a un amigo que había quedado inconclusa, pero no quedé satisfecha con el ejercicio, en parte porque era demasiado curioso y quería saber el significado de cada arcano y en parte porque aunque me ofrecí a enseñarle la intuición no es algo susceptible de ser enseñado.  Lo que debieron ser cuarenta minutos se convirtieron en varias horas. Fue una conversación amena.

Hoy no pude evitar contar las veces que tocaba el muro de un lado a otro en el parqueadero como si no pudiera pensar en algo más. Conté sesenta veces. Creo que miré más al asfalto que al cielo y aunque los periquitos hacían su algarabía en un árbol que tienen por morada, no pude seguir su vuelo. Hoy es el día 300 de este año. El 2025 agoniza y nos preparamos para un año par. Creo que me gustan más los años pares. Veintiseis es par. Dos es el único par primo. Hoy siento que soy, indivisible. 

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