Después de una lluvia de nervios, debo confesar que me gustan los sábados.
No hay que bailar para recordar cómo se siente hacerlo.
Hay que seguir apostándole a la alegría, escribir, escribir, escribir una y otra vez que siempre se puede. Si tuviera que elegir una carta del tarot para mí hoy sería el As de Copas. Vamos a celebrar, con o sin lícor. Una cervecita michelada no está de más o un Martini con tres aceitunas.
Vamos a escribir la escena. El pub se llama Encuentro, la barra no es roja, es verde, las botellas están inclinadas en un carrusel, las copas no son de vidrio, son de acrílico --así nadie se corta--, ¿qué hacemos las de aguardiente?
Encendamos las lámparas de araña, ojalá con velas. Espero que me regalen una mesita donde pueda escribir lo que veo. Varias parejas bailan en la pista. Otros aplauden entre canciones.
Nadie se me arrima, estoy muy concentrada y no tengo más que una soda en mi mano. Hasta que llegas tú y me preguntas qué tanto escribo, me da como pena y por primera vez noto que estoy en el lugar equivocado.
--Diculpe, ¿me habla a mí?
--Sí, a ti, la de las gafas.
--¿Y?
--¿Te invito a otra soda? ¿Quieres maní o prefieres pistachos?
(Maní o pistachos) De dónde saca este tipo que me gustan los pistachos. ¡Ah, es porque es sábado!

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