Estoy donde nadie me ve.
Mis nervios son como las gotas de esa lluvia que cae y que no controlo por más que lo intente.
Ya no puedo pararme a esperar el bus bajo la lluvia sin miedo a deslizarme. Tampoco tomar el sol bajo una pendiente. Mi tierra se volvió plana y tremendamente aburrida. No puedo aprender a caminar de nuevo porque lo que realmente ocurrió es que mi mente olvidó cómo hacerlo.
Necesito ser lluvia para fundirme de nuevo en el paisaje sin miedo a las montañas, sin terror hacia los ríos.

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