No hubo tacto diferente a las palabras. Solo existieron miradas donde ninguno jamás bajo los párpados o miró hacia otra dirección. Frente a frente se dijeron adiós y esa despedida aunque fue ligera no evita su deseo de permanecer dormida para no despertar sin él.
Las amistades también se pierden, también se niegan, también se dicen adiós. Ella insiste en no despertar para no tener que verle la cara al artista sin saber las pesadillas que la persiguen cada vez que recuerda la última vez, el último abrazo y la primera vez que sintió su aroma.
Nunca es tarde para regresar a él. Es fácil, solo hay que seguir su pista y sus marcas, pero ella prometió no volver y eso es lo que hará mientras no sienta que amanece un día más sin su respiración tan cerca.

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