Nos conocimos cuando iniciamos nuestra maestría en literatura en la Universidad Pontificia Bolivariana en el 2013. Desde el principio me impactó por sus lecturas, por su trabajo como maestra, por la responsabilidad como lo asumía y por su trabajo de grado sobre el Metro de Medellín.
Uno de mis primeros libros de Bitácora fue a parar directo a sus manos y aún lo conserva y lo encuentra de tanto en tanto en su biblioteca.
Podemos pasar años sin hablar y nos ponemos al tanto en una llamada telefónica de media hora.
Siempre me pregunta lo esencial y escucha, sabe escuchar. No necesitamos hablar de amores, lo cual es un alivio y escaso entre mujeres, y preferimos refugiarnos en los textos y en nuestros recuerdos de la maestría.
Juntas fuimos docentes en Carepa, Urabá, donde impartíamos nuestros recientes conocimientos con maestros que se estaban formando a su vez en literatura.
Durante el "recreo" entre clases, los viernes en la noche, salíamos a comer una arepa con queso de uno de los chuzos de la universidad y Gloria era la única en el salón que se sentaba a mi lado, no sé por qué.
Me acompañó durante mi sustentación de tesis, todavía me pregunta por mi hijo y me narra sus travesías de casa en casa buscando un mejor refugio por la ciudad.
Este blog estaría incompleto sin ella porque aprender juntas fue un regalo universal.

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