Así dice una oración potente de protección, así señalan mis manos frente a tu cercanía. No estoy lista para tanto. Dame tiempo, dame espacio. No quiero ser tuya ni pretendo que seas mío, quizás sí en el pasado, pero en este presente estoy centrada en mí. Detente mira que te lo pido y por las buenas, no sé cómo ser por las malas pero supongo que llamaría a una comisaria de familia y diría que tu mirada me acosa o que tu voz insiste en conversar conmigo. Dime si también yo debo detenerme, si necesitas más de lo que puedo darte, si mis búsquedas truncan tu camino, si también debo detenerme en esta cruzada lejos de ti.
Préstame un poco de distancia, regálame el silencio de vivir sin ti. Quiero aprender mil cosas nuevas, perderme en otros ojos, escuchar otras voces. Necesito perder costumbres, anidar sueños en despierto, vivir con una sana vulgaridad. Ser capaz de desnudar mis miedos, de fusionar angustias en una bola de plastilina amarilla para cambiar.
Dime que me detenga, que mis palabras no hablen de ti tácitamente, que no mencionar tu nombre no te hace menos real o cercano. Permíteme alzar mis manos y rechazarte porque hasta ahora lo único que había hecho en mi vida era convidarte. Ya no estoy segura, necesito saber si cuento con la protección que necesito.

No hay comentarios:
Publicar un comentario