Mi camino tenía marcado tu nombre con letras de color. Varias letras, un encuentro con la belleza. Lo sé, lo siento. Eres mejor de lo que imaginé. ¿Te imaginé o te soñé? Ahora estás anunciándote y tu proximidad me agita. He vivido tu nombre durante dos semanas y ya no quiero vivir otro. Cuando decidí estar sola, apareciste, colmaste de besos mi aurora, escribiste en las paredes de mi memoria y señalaste un encuentro como quien señala con todos los buenos augurios: un triunfo.
Quizás lo mejor fue que no te estaba esperando, que al reloj le sobraron horas, que no tuve que sufrir por ti, que apareciste como un mago sin ases bajo la manga ni palomas en la boca. Un mago real que cambió mis lágrimas por sonrisas y mi deseo de morir por una vitalidad plena.
Estás en las cornisas de mi vida, en la talla de mi madurez, en el tiempo sin tiempo y en aquel reloj sobrecargado para darnos espacio y aumentar nuestros talentos. Escribes, escribo. Somos un par de seres que se vanaglorian en la palabra, que tienen como propósito crear y crean con singularidad.
No reconozco tu olor. Estás lejos de mi olfato. No sé cómo pega la colonia en ti, sé cómo pegaba en mi padre.
Quizás sea pronto para darme otra oportunidad. ¿Cuándo es oportuna? No quiero más decepciones. Solo aspiro al amor azul.

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