jueves, 1 de enero de 2026

Vértigo

 


No importa el tiempo compartido, 

decir adiós nunca será sencillo.

 Marcharse sin mirar atrás 

es como negar 

todo lo que existió.


 Los duelos, 

sobre todo los de nosotros mismos, 

de lo que fuimos, 

son los más difíciles de hacer. 


Reconocer que el tiempo pasa

 y que tenemos miedo de cambiar, 

que no fluimos, que nos estancamos. 


Hacernos duelo a nosotros

 mismos es reconocer la impermanecia 

de todo lo terreno, 

saber que somos más de este cuerpo físico; 

saber que solo es un envase necesario 

para trascender emociones

pensamientos

planes

 proyectos. 


Falta el equilibrio

duele el cuerpo 

respiro

 aún respiro. 

Puedo estar agradecida por ello. 


Una caída, 

un tropiezo y

 el mundo da vueltas, 

vértigo lo laman, 

y hasta ahora 

no sabía que era algo 

que podía pasarme. 

sábado, 20 de diciembre de 2025

Brisa de enero

 


Aún es diciembre y ya estoy pensando en enero. El duende aparece con las luces en el árbol y se desparece cuando regresa al cuarto útil. La brisa no es lluvia aunque ojalá por un tiempo desaparezca. No sé si cerrar es hacer duelos ni si necesito hacerlo de la visión que tengo de mi misma. Mi cuerpo es otro, mi rostro también. Grita el cuerpo, dice: Atención, te necesito! Con la brisa de enero procuaré abrazarme más, temerme menos, anunciar llegadas, propiciar encuentros. Estaré dispuesta a comprender las pausas y los silencios. Fuego y tierra, dime que no todo es cierto, que los pensamientos pasan y no tengo por qué identificarme con ellos. Recuérdame una parábola sabia. Permíteme ser alumna, ser aprendiz, no creer que lo sé todo sobre mí, aprender de mi presente y sembrar, saber sembrar. El duende de hoy se esconderá mañana ¿Qué le pediré que lleve cuando yo baje la guardia? Me aflojaré sin prisa, recuperaré mi equilibrio, ¿estaré dormida, me encontrará en medio de una siesta? Me llega la brisa de enero, aún en dicicmbre cuando las novenas aún no acaban. 

 

domingo, 7 de diciembre de 2025

Llueven velitas

 



Dos elementos se hacen amigos para contradecir la pólvora, tu fuego llueve en mi tarde oscura. Nubes con estratos parpadean para mojar sombrillas justo hoy que salí sin ella. El asma vuelve para recordarme que somos muchos los desabrigados. Intento soslayar mis tristezas pero un pabilo no conjura mis penas. Ardo y lluevo como se hace en los buenos domingos, justo a las seis cuando todo pesa, cuando la noche regresa y solo tú eres mi estrella.

Busco entonces encender mis cadenas para librarme de ellas en dos palabras claves --llaves-- sin torpeza. El abismo de la tormenta no cesa. Un cúmulo de angustias me atraviesa. Estoy ajena. Ya no me pertenezco, el agua sin ti carece de ola y torrente. Solo me quedan las piedras donde nada se enciende aunque frotarlas puede regalarnos una chispa prometeica.

Son las velitas que llueven como metereoritos sin tregua. Mi hogar es su blanco más directo aunque mi balcón no despierte y las festividades ya no me conmuevan. He perdido la infancia en mi orfandad, he perdido la velas en intentar encenderlas. 

jueves, 27 de noviembre de 2025

Me bastan mis párpados

Solo vale la pena levantar la mirada si tú me llamas, si dices mi nombre, si mencionas mis faltas. Vale la pena levantar la mirada si el sol dice hola desde mi ventana. Si los gatos de mi camisa se salen para ronronear o mi almohada promete no contarle a nadie mis lágrimas 

Levantar la mirada para escuchar el mundo, para describirlo, para soñarlo; porque no me gusta la oscuridad, para ella me bastan mis párpados.  

Sí, vale la pena seguir lanzando dardos de palabras hacía un blanco colmado de errores y deseperanza. Sin algortimos. Sin búsquedas, sin fórmulas diferentes al latir de un corazón humano. 

Vale la pena seguir con vida, que aunque no habite tu corazón tú permaneces en el mío, que mis párpados me dan toda la oscuridad que necesito y mis cortinas son translúcidas para que al menos llegue alguna luz a esta habitación con una sola ventana.

Vale la pena levantar mi mirada si existe la rota promesa de un regreso mañana. Si al despertar sé que te he soñado y tu vacío es solo una quimera en mí. ¿Hasta cuándo he de querer conjurar la distancia? Debería abrir los ojos de una vez y por todas para reconocer que nunca me viste. 



 

lunes, 24 de noviembre de 2025

Toma tiempo


 Toma tiempo y toma tiempo, dos acepciones de las mis palabras, una de la duración y la otra del sujeto en cuestión. Toma tiempo verte tomar tu tiempo. 

Quizás en esta existencia no volvamos a encontrarnos, quizás porque te evitaré, es seguro que me evitarás. Llueve aquí en el alma en el espacio que dejaste vacío. 

¿Con qué frecuencia me tomó tiempo decir te quiero? ¿Por qué a ti no pude decírtelo? No sé. Estaba distraída, te daba por sentado. 

Una década no fue suficiente por disculpar mi proceder posterior. Un quinquenio de silencio fue la pena que me conferiste. 

Toma tiempo... el que necesites. 

Aquí estaré como lo que siempre he sido: tu amiga.

Parafraseando tu ausencia


 Vale la pena decir que tu ausencia ya no duele, ya no implora, ya no lacera mi corazón. Es más bien una retórica de palabras que dicen: te conocí. También estás anclado a lugares, canciones, colores y frecuencias. Ya no molesta tu ausencia. La cama ya es sencilla en lugar de doble. Elijo que quiero ver en la televisión como cuando apagar la luz. Ya no siento tu respiración ni tu pecho es mi refugio. No hay conversaciones en voz baja ni oscuridad compartida. Existes vos, por encima de todo, existes vos en algún lugar de mi piel como recuerdo antiguo sin ser oxidado. Más bien corres como el agua y ya no te detienes en mí. Tu cauce mira a otras orillas y tu pecho es el refugio de alguien más. Tus besos se los llevó el viento así como tu signo zodiacal. 

Pafraseo tu asuencia para justificar mi manera abrupta de terminar mi relación contigo, la injusticia de entonces que fue extraditarte de un día para otro, de mi corazón y de mi vida. Merecías mucho más que eso. Lo siento, aunque sea tarde mencionarlo. 

A veces tu ausencia me hace añorar lo que antes llamabamos hogar, éramos tres y casi todo era alegría. No sé cuándo me convertí en este ser agrio y amargo. Sé que tu ausencia ya no duele porque el tiempo curó esa herida como cura todo lo demás. Sin embargo, sigues presente en nuestras vidas, para mí como una sombra compartida. El amor de entonces es la repulsión del ahora. Hablar de tu ausencia es hablar de la mía. Ya no estoy para ti, soy un mantra perdido en un silencio sin fin.  

miércoles, 19 de noviembre de 2025

Contra la pared y Cielo de Cardamomo

 


Si he de estar contra la pared, que sea en Cuba. Que sea en Mayo y durante sus Romerías. Si he de estar contra la pared, que sea con tu mirada al frente retratándome en un instante para mi efímera eternidad. Que sea allí donde conocí a tan maravillosos poetas con Kiuder Yero Torres como anfitrión. Que sea en Cuba aunque no milite ni comprenda su revolución. Allí me sentí libre a pesar del duelo de mi madre que había fallecido cinco días antes. Yo era el muro, el dolor, la bala, la pared. Mi madre estaba cada vez que interpretaban Bésame mucho y mis ojos se hacían una laguna que mi rimel acordonaba. 

Cuba es color por eso no intervengo la fotografía. Guaímaro me trae recuerdos de su poeta Diusmel Machado --a quién me encantaría llamar colega o camarada-- quién después de mi ponencia sobre el libro digital y la poesía para Ediciones la luz, me regaló uno de sus libros como cortesía.

Mi libro era mi voz. Cielo de Cardomomo, su título.  

CIELO DE CARDAMOMO

El escalofrío poco a poco se va. Se va tu recuerdo tras de ti. Aunque antes, tu uno ochenta me abraza y me sobrecoge. No pude imaginar mejor tu boca ni soñar con mayor precisión tus manos. Estoy en el ojo de un huracán que no duerme. Dilato el saludo porque quiero tu voz. He muerto dos miedos y tres angustias. Le he dicho al futuro que no me intimidará. Es cierto, no soy una mujer del todo libre. Lo sabías desde que miraste. Te lo dije desde que te hablé. Hubo fuego. Al diablo las palabras.

Abrázame otra vez que en ti no siento mi mundo. Antes... antes de qué. Préstame tus ojos, tatúa tu mirada en mí. Ven inventemos un cielo de cardamomo con un horizonte de percusión.

Vamos, trae tus lápices, aquel atardecer en la Guajira donde decías que parecías empinarte para tocar estrellas. Sí, llévame al cine, toma mi mano, cuéntame más del director, qué otras películas, qué otros sueños, háblame de las actrices y de tu vocación.

Regálame tu silencio dorado, tu sonrisa ingenua, tu lectura del amor. Ya, ya estoy lista. Dos estrellas fugaces y nos vamos a la finca donde iba de niña. Comemos feijoas y guayabitas y acariciamos el lomo de perros grandes. Y duermo contigo porque hasta ahora no he dormido nunca, me han hecho falta tus brazos y el calor de tu cuerpo. Sigue andando... déjame mirarte caminar, con ese leve tumbado, sin prisa, haciendo girar los árboles hacia a ti. Contigo nunca es tarde, es siempre todavía. 

El libro completo pueden adquirirlo en https://elibros.com.co/product/cielo-de-cardamomo/

Vértigo

  No importa el tiempo compartido,  decir adiós nunca será sencillo.  Marcharse sin mirar atrás  es como negar  todo lo que existió.  Los du...