sábado, 20 de diciembre de 2025

Brisa de enero

 


Aún es diciembre y ya estoy pensando en enero. El duende aparece con las luces en el árbol y se desparece cuando regresa al cuarto útil. La brisa no es lluvia aunque ojalá por un tiempo desaparezca. No sé si cerrar es hacer duelos ni si necesito hacerlo de la visión que tengo de mi misma. Mi cuerpo es otro, mi rostro también. Grita el cuerpo, dice: Atención, te necesito! Con la brisa de enero procuaré abrazarme más, temerme menos, anunciar llegadas, propiciar encuentros. Estaré dispuesta a comprender las pausas y los silencios. Fuego y tierra, dime que no todo es cierto, que los pensamientos pasan y no tengo por qué identificarme con ellos. Recuérdame una parábola sabia. Permíteme ser alumna, ser aprendiz, no creer que lo sé todo sobre mí, aprender de mi presente y sembrar, saber sembrar. El duende de hoy se esconderá mañana ¿Qué le pediré que lleve cuando yo baje la guardia? Me aflojaré sin prisa, recuperaré mi equilibrio, ¿estaré dormida, me encontrará en medio de una siesta? Me llega la brisa de enero, aún en dicicmbre cuando las novenas aún no acaban. 

 

domingo, 7 de diciembre de 2025

Llueven velitas

 



Dos elementos se hacen amigos para contradecir la pólvora, tu fuego llueve en mi tarde oscura. Nubes con estratos parpadean para mojar sombrillas justo hoy que salí sin ella. El asma vuelve para recordarme que somos muchos los desabrigados. Intento soslayar mis tristezas pero un pabilo no conjura mis penas. Ardo y lluevo como se hace en los buenos domingos, justo a las seis cuando todo pesa, cuando la noche regresa y solo tú eres mi estrella.

Busco entonces encender mis cadenas para librarme de ellas en dos palabras claves --llaves-- sin torpeza. El abismo de la tormenta no cesa. Un cúmulo de angustias me atraviesa. Estoy ajena. Ya no me pertenezco, el agua sin ti carece de ola y torrente. Solo me quedan las piedras donde nada se enciende aunque frotarlas puede regalarnos una chispa prometeica.

Son las velitas que llueven como metereoritos sin tregua. Mi hogar es su blanco más directo aunque mi balcón no despierte y las festividades ya no me conmuevan. He perdido la infancia en mi orfandad, he perdido la velas en intentar encenderlas. 

Vértigo

  No importa el tiempo compartido,  decir adiós nunca será sencillo.  Marcharse sin mirar atrás  es como negar  todo lo que existió.  Los du...